De la experiencia a la acción
No es fácil explicar quién soy sin contar algunas de las cosas que me han sucedido. No las cuento como un currículum de sufrimiento, sino para explicar por qué hoy intento hacer lo que hago.
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Antes de Marruecos, mi vida era muy diferente.
Era directivo de empresas del sector del aceite de oliva. Me sentía valorado profesionalmente y tuve la suerte de que la vida me compensara de muchas maneras: con prestigio, con euros y, sobre todo, con una gran familia.
Una familia que también supo enfrentarse a problemas duros y muy reales. No éramos ajenos a las dificultades, pero había algo que yo daba por hecho: que, con esfuerzo, conocimiento y las personas que tenía a mi lado, encontraríamos la manera de salir adelante.
Precisamente por eso, lo que ocurrió después tuvo un impacto tan profundo.
El infierno de Tánger
En 2012 mi vida cambió radicalmente. Estuve preso en Marruecos, en la prisión de Tánger.
Aquella experiencia fue extrema. Pero incluso allí apareció una parte de mí que después volvería a acompañarme durante el resto de mi vida: cuando me encuentro ante una situación que parece no tener salida, intento buscar alguna forma de actuar.
En la prisión intenté ayudar a otros presos y organizar algunas cosas que permitieran hacer más llevadera aquella situación. La palabra, la organización y la búsqueda de soluciones se convirtieron en herramientas para sobrevivir.
Un amigo me lo dijo allí. No era por nobleza. Siempre he creído en el poder de la palabra para transformar. Azul: el color de la calma, la razón y la esperanza.
El nombre con el que recuerdo aquella etapa es El infierno de Tánger. No porque quiera convertirla en una historia de héroes y villanos, sino porque fue una experiencia que me cambió para siempre.
Volver no significó volver a ser el mismo
Salí de aquella experiencia y regresé a España. Y seguí luchando.
Conseguí objetivos que eran muy importantes para mí. Algunos de ellos exigieron años de esfuerzo, procedimientos, aprendizaje y una enorme perseverancia.
Pero ocurrió algo que tardé en comprender: aquella lucha me había consumido demasiado.
Cuando finalmente conseguí cosas por las que había luchado durante tanto tiempo, no encontré dentro de mí la satisfacción que esperaba encontrar.
Ahí comenzó otra batalla, mucho menos visible: reconstruirme a mí mismo.
No puedo decir que haya superado todo. Sigo en proceso. Y precisamente por eso, ayudar a otras personas que atraviesan situaciones difíciles terminó siendo también una forma de ayudarme a mí.
Cuando ayudar dejó de ser algo puntual
Desde que volví a España empecé a ayudar a algunas personas.
Al principio eran pocas. Pero los resultados positivos hicieron que otras personas confiaran en lo que estaba haciendo.
Personas importantes que habían visto esos resultados llegaron a darme un poder notarial para trabajar en su nombre y realizaron aportaciones económicas para que aquel sueño pudiera convertirse en una realidad.
Así fue tomando forma Justicia Solidaria.
Con el tiempo entendí que defender los derechos de una persona no consiste solamente en resolver un problema concreto. También consiste en devolverle capacidad para participar, decidir y actuar sobre su propia vida.
Ayudar y ser ayudado
El apoyo entre iguales me enseñó algo que para mí es fundamental: no quiero ayudar a las personas desde arriba.
Quiero estar de tú a tú.
En ASAMEN encontré una forma de trabajar en la que las personas usuarias tienen que estar dentro de las decisiones. Nada debería hacerse sin ellas.
Eso no siempre es sencillo. Los intereses de las familias y los de las personas usuarias no siempre coinciden. Gestionar esa realidad puede ser mucho más difícil. Pero precisamente ahí está parte de la esencia del apoyo mutuo: las personas que viven las situaciones no pueden ser simplemente destinatarias de decisiones tomadas por otros.
Por eso no puedo simplemente dejar de hacerlo. El apoyo de tú a tú se ha convertido en una parte esencial de mi propia vida.
Dejar de sentirse indefenso
Hay algo que quiero conseguir por encima de muchas otras cosas: que las personas abandonemos la indefensión aprendida.
Cuando durante mucho tiempo una persona recibe el mensaje de que nada puede cambiar, puede acabar dejando de intentar cambiarlo.
Yo quiero hacer lo contrario.
Quiero que aprendamos a luchar juntos.”
Defender nuestros derechos no significa pensar que siempre vamos a ganar. Significa no aceptar de antemano que no podemos hacer nada.
Por eso sigo estudiando, aprendiendo, buscando soluciones, recurriendo a las instituciones que corresponden y utilizando las herramientas que tengo a mi alcance.
La experiencia del Defensor del Pueblo Andaluz resume bien una de las dificultades que he encontrado: cuando una institución ve solamente un expediente, puede perder de vista la vida que existe detrás de ese expediente.
Cuando las palabras no bastan
Durante años he intentado explicar las cosas escribiendo, estudiando, presentando documentos, recurriendo y hablando con instituciones.
Pero he descubierto que hay cosas que, por mucho que las expliques con palabras, no siempre consigues que alguien las vea.
Por eso he recurrido al cine.
Nunca he sido productor. Estoy aprendiendo.
Pregunto, aprendo, practico, me equivoco y vuelvo a practicar. Y cuando sé algo, intento enseñarlo para seguir aprendiendo.
También utilizaré herramientas nuevas, incluida la inteligencia artificial, cuando puedan ayudarme a producir mejor. Pero para mí la herramienta no es lo importante. Lo importante sigue siendo la persona, su experiencia, su mirada y su historia.
Quiero hacer cine porque creo que una historia puede conseguir algo que un expediente muchas veces no consigue: que otra persona se detenga y vea durante unos minutos la realidad desde un lugar diferente.
El cine no es, por tanto, un proyecto separado de todo lo anterior. Es una nueva herramienta para hacer visible aquello que llevo años intentando explicar.
Ahora quiero construir
No sé si conseguiré resolver todos los problemas que todavía tengo delante.
Pero sí sé que quiero seguir aprendiendo, buscando soluciones y construyendo proyectos.
Quiero seguir desarrollando el apoyo entre iguales. Quiero que la Fundación PAPE avance. Quiero crear oportunidades reales de empleo para personas con discapacidad. Y quiero hacer cine.
No quiero pasar el resto de mi vida únicamente luchando contra problemas. También quiero disfrutar de construir.
He conocido el éxito, el reconocimiento, el dinero, la pérdida, la vulnerabilidad y la necesidad de empezar de nuevo.
No quiero olvidar nada de eso. Pero tampoco quiero que todo aquello sea lo único que defina mi vida.
Ahora quiero construir.
Y quiero disfrutar mientras lo hago.
